
En marzo del 2002, en pleno invierno del hemisferio norte, el diseñador John Galliano presentó el chullo en las pasarelas más reconocidas del mundo. En el 2005 hizo lo mismo en su colección otoño-invierno 2006 para la casa Dior; el chullo está en nuestra casa pero su potencial fue descubierto por los extranjeros.
El motivo del viaje que realicé con mis compañeros a la ciudad imperial de Cusco fue asistir al V Congreso Regional de estudiantes de Comunicación Social organizado por la Universidad Nacional San Antonio de Abad del Cusco y APEUCS (Asociación Peruana de Estudiantes Universitarios de Comunicación Social). Pero la cronista no tiene como finalidad exponer los temas que se discutieron en el congreso, porque en sí el viaje trajo consigo experiencias distintas a las que se esperaba.
CABECITAS MULTICOLORES
Al llegar a Cusco, definitivamente uno se encuentra con una ciudad mágica, que logra conjugar en armonía lo imperial con lo europeo, Cusco es una ciudad de calles empinadas, pistas de piedra resbalosa, algo que siempre tendré presente, pues caminar en bajadas era una total aventura; teniendo que lidiar entre el equilibrio y el temor del ridículo de una posible caída.
Estuvimos en Cusco justo en la temporada en que se puede apreciar éste fenómeno en su mayor plenitud, el invierno, lo cual significa: “mucho frío”, y tenemos que abrigar muy bien todas las partes de nuestro cuerpo, sin olvidar ninguna de ellas, pues el frío de la sierra en invierno es algo a lo cual, quien narra, no estaba acostumbrada. Pero da la sorpresa de que en Cusco el invierno parece primavera, porque las calles enteras están infestadas de cabezas de lana, “muchos chullos” de todo tipo, color, diseño, calidad, es decir, para todos los gustos y bolsillos. Y nosotros queriendo estar a la par con todos los turistas, nos fuimos en la búsqueda de los chullitos de todos los colores y todos los modelos posibles y empezamos así el recorrido por la ciudad, con chullos a cada paso de dábamos.
SI USAS CHULLO ERES TURISTA
La cronista tuvo una guía en su viaje, con quien estuvo por la ciudad cuando se lo permitían las actividades del Congreso. Carol, mi guía y amiga, es la viva imagen, de lo que Cusco representa: cuzqueña con ojos verdes y cabellos castaños, de un metro setenta y dos centímetros y mejillas rosadas, equivalente a la fórmula mencionada anteriormente, imperial-europeo. Cusco entero es así, pero Carol no llevaba chullo, más los turistas, incluída la cronista, usaban la prenda, y fue por eso que mi oriunda amiga ojiverde se dirigía a mí con aquel apelativo: turista.
Existió cierto rechazo al chullo en su tiempo, todo atribuído a un supuesto origen mestizo del mismo, mitad español, mitad incaico. Por ello, el humilde chullo, fue pasado desapercibido por mucho tiempo, olvidado en las alturas, pues pude apreciar que Carol no era la única antichullo, sino que la mayoría de gente que vive en la ciudad no lo usa normalmente, sino son los extranjeros, concentrados en ésta gran ciudad y provenientes de todas partes del mundo, quienes quedaron embelezados por la prenda cuya moda irónicamente llega tarde a Perú: los peruanos citadinos no usamos chullo.
El chullo ha llegado a convertirse en un producto de exportación y con gran demanda en el extranjero, aunque el monto de exportación aún no es tan grande, pero si se ve el indicador de crecimiento, es obvio que los exportadores (unas 69 empresas, entre pequeñas, medianas y grandes) todavía tienen mucha lana por tejer y un mundo entero al cual abastecer.
CHULLOS PARA EL SUR Y EL MUNDO
Hora tras hora se acercaba el retorno, pero no podía dejar Cusco sin comprar un arsenal de chullos para regalar en mi ciudad. Con mi guía recorrimos casi todas las ferias artesanales de la ciudad, déjenme decirles que existen muchas, bastantes, demasiadas, imagínense cuantos chullos deben existir en todo Cusco, es algo inimaginable, pero cierto.
Traté de comprar uno de cada modelo, con colores distintos y sobre todo nada tradicionales. Pero, aparte del comercio artesanal que existe en la ciudad, lo que más sorprende es la camaradería que existe entre comerciante y turista, prueba de ello es el sorprendente “tri dólar” que escuché de la voz de una niña de unos 12 años, más o menos, de trenzas y polleras, en un puesto “x” de una de las tantas ferias de la ciudad, la cronista tomó nota del detalle para recordarlo a la postrimería. La niña le indicaba a un ciudadano extranjero el costo de un chullo, así es, los quechuahablantes también dominan su quechuenglish, y los extranjeros pagan sin problemas sus three dollars, así quedaron todos felices, pues el Perú vendió.
Los chullos están de moda, así es, no lo digo sólo yo, sino también las pasarelas europeas e Inka Kola en sus campañas publicitarias. Quizás éste invierno los peruanos citadinos empecemos a andar con nuestros chullos por las calles, me aseguré de dejar un chullo para Carol, los cusqueños deben dar el ejemplo. Las tantas vueltas que di en la gran ciudad imperial me hicieron conocerla cada vez más, calles, todos los puntos de venta, lugares en donde encontrar comida económica; en fin me empezaba a sentir como en casa, una gran experiencia rodeada de chullos en cabezas rubias.
Tacna, agosto 2006